El cine bajo la mirada ajena | Televisión

Llevo años buscando la entrada que va al cine todos los fines de semana, así como busco la compartir televisión. No hago esto con plataformas o listas de los más vendidos porque no has sido examinado y no me has importado un carajo. Hace años, en un conocimiento cadenciado de la vida y la cultura, lo inicié paquete Luis Guerín entre los más vendidos. Es genial que Guerín haya incluido esta lista la verdad, pero esto es, sin duda, imposible. Esta pasada semana tuvo la oportunidad de comentar estos fenómenos con un expatriado en Japón, concretamente con Alberto Calero, director de Latin Beat (la sección iberoamericana del mastodonte que es el Festival Internacional de Cine de Tokio).

Calero es al cine español lo que Justo Gallego es a la arquitectura religiosa. Asimismo, Gallego decidió construir, por su cuenta, una catedral en su pueblo (Mejorada del Campo), para sustentar a sus mayores y, con el paso del tiempo, la catedral de Mejorada del Campo fue recibiendo ayuda y atención médica. Hace muchos años en su municipio madrileño, concretamente en Japón, Alberto Calero decidió crear, solo y sin ayuda, un festival de cine iberoamericano. El Latin Beat se encuentra, ahora mismo, en ese punto de inflexión. Siempre cuando se habla de cine español aparecen las palabras “paguitas” y “pesebre”. Subvenciones, vaya. Si siempre tuviste y siempre tuviste confirmación (algunas a la vista de todos, sin vergüenza y otras al llamado), siempre tendrás gente que pone todo lo que puede y más para hacer bien la película que tienes en las manos.

En el Latin Beat hay hits de bolillos a los que se unen Pablo Berger, Rodrigo Sorogoyen, Pedro Martín-Calero o Alex de la Iglesia. Vea una sala repleta para una proyección matutina de Tarde día soleado es, cuanto menos, impactante. Si bien nuestro cine despertó una genuina curiosidad entre los japoneses, hablábamos de la taquilla. La ficción como imagen en movimiento es maravillosa. Lo que lo impulsa es el cine, el sistema de proyección en una sala oscura donde muchos extraños se sienten contemplando una historia y se abstraen del exterior.

Así como la literatura no pasa por sus mejores momentos de ventas (sino que, al contrario, es mejor), las salas de cine siguen ralentizándose, pero el descenso constante va paralelo a la falta de concentración del personal. El cine es, entre otras cosas, contar historias con imágenes. Para contar las cosas es bueno subir de una en una y bajar la vista es clara. Todo se entiende mejor con un poco de distancia y un poco de silencio.

By Monique Nuñez